Solidaridad: Se necesita un guionista para George Romero

Se sabe: al tipo lo queremos. Inventó el cine de zombies tal como lo conocemos hoy (no hace falta subrayar el intenso e inexplicable placer que nos produce ver a una horda de tipos maquillados que con torpeza se abalanza sobre otro grupo de tipos no tan maquillados para morderlos al ritmo de sonidos guturales), nos ha hecho celebrar con un puñado de grandes obras, y es evidente su intención por innovar y generar nuevas ideas. El problema radica en que con nada de esto hacemos una buena historia.

Desde el punto de vista de la construcción de la trama, la caracterización de los personajes y la creación de climas, La resurrección de los muertos (Survival of the dead), el más reciente trabajo de Romero, es incluso peor que su anterior film (Diario de los muertos), lo cual ya es mucho decir. Y es una lástima, porque la película no carece de momentos interesantes de reflexión, encrucijadas que ponen a prueba el pensamiento del espectador y una bajada de línea bastante aguda sobre el rol de los militares en un conflicto y el comportamiento de los civiles (y también buenas escenas de gore, más que en sus últimas películas). Pero esta potencia discursiva va perdiendo poco a poco sus fuerzas cuando en el medio nos tenemos que fumar las casualidades que resuelven los conflictos, la pobre construcción de los personajes (en la que no poco tienen que ver unas actuaciones flojísimas) y el cambio de registro que vira a veces hacia un humor cercano al de Looney Tunes, que nada tiene que ver con el resto de la película.

Es claro que Romero sigue empecinado en realizar esta suerte de ensayos fílmicos en el formato de película de zombies. Lo que pareciera no poder ver es que aquello que quiere transmitir –y que se logra vislumbrar en los destellos más lúcidos del film- queda opacado por la inconsistencia de una historia que tropieza todo el tiempo, hasta terminar por caerse. El gusto amargo después de la película no me lo quita nadie, y ya no hay espacio para ser indulgente con el Maestro. En sus próximas obras no le vendría mal trabajar junto a un guionista que pueda canalizar las buenas ideas del director en una historia sólida, que quite del primer plano el discurso cerrado del realizador y deje a los personajes y sus acciones elaborar las preguntas que resuenen en la cabeza del espectador. Quién dice que esa no sea la forma de que resucite –ironía, sí- ese cine de zombies alegórico de nuestra sociedad que tan bien supo construir George Romero en sus mejores épocas.

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~ por Javier Hildebrandt en 18 agosto 2011.

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