La fuerza de la intriga

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En cualquier historia, no hay nada que funcione mejor que una buena intriga. Una situación en apariencia insólita que mantenga en vilo al lector es uno de los amarres más fuertes que puede tener un relato. Y no pocas veces, esa ausencia de información que constituye la base de la intriga (no hay pecado peor que adivinar de antemano la resolución de un enigma) le brinda al relato una fuerza superior a su resolución. Quiero decir, cuando descubrimos quién es el asesino, qué pasó con el cuadro desaparecido, por qué el empresario ocultó 1500 sobrecitos de azúcar en una caja fuerte de un banco suizo, el misterio que rodea la intriga desaparece, y con él gran parte de la magia de la historia.

El Sabueso de los Baskervilles, la obra maestra de Conan Doyle que terminé de leer hace poco trabaja de esa manera. Durante varios capítulos, la leyenda del perro espectral que azota el páramo de Dartmoor va acumulando una serie de intrigas fantásticas y, a primera vista, inconexas que hacen que el libro se te pegue a las manos (debe haber sido toda una experiencia leerlo en su edición original, publicada por entregas en el Strand Magazine). Y cuando uno empieza a sospechar que todo ese embrollo solo admite una resolución disparatada, Sherlock Holmes se los carga a todos con una explicación tan brillante como imposible de refutar. Golazo de media cancha.

Pero aún así, aunque reconozco lo impecable del desenlace, no puedo evitar sentir un dejo de decepción, y me pregunto por qué. ¿Podrá ser que, en realidad, la identidad del asesino sea lo que menos importa?

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5 comentarios

  1. Sí. Para mí ya fue el tema de la identidad del asesino Javi. Esta charla la tengo con bocha de dibujantes y guionistas. Es como que ya se hizo mucho sobre el tema de la identidad, entonces es mejor el tema de misterios al estilo islas del pirata o aventuras dignas de los pulps. El género detectivesco y de policial no murió, simplemente que hay que darle atención más al ambiente y a los elementos para no caer siempre en la misma repetición. Es un buen tema el que sacaste para charlar, fuera de joda yo me quedaría horas charlando con vos sobre el tema de la identidad del asesino.

    Saludos y lógicamente viva Sherlock Holmes.

  2. No sé si el tema de la identidad es central, estoy pensando en Los sospechosos de siempre, por ejemplo…lo que menos me gustó fue el desenlace. Pero claro, Doyle no trampea. En rigor, el asesino siempre está presente y lo vamos oliendo. Es casi un ejercicio. Un beso Javier, excelente post.

  3. Azra: mi pregunta del final era más bien retórica. Es cierto que cada vez importa menos “quién lo hizo”, y creo que el policial de enigma más clásico tiende a desaparecer, o a mezclarse con otros géneros que le brinden otros matices y más vitalidad. De hecho, el propio Conan Doyle hablaba de El Sabueso… como una novela de terror.
    Lo que sí es seguro es que, mientras lo sigamos leyendo, Sherlock Holmes no va a morir. Un abrazo.

    Lau: No había pensado en Los Sospechosos… A mí me gustó el desenlace, pero es posible que al llevar los hilos de la trama a ese giro final, se le reste importancia a los matices que tiene el resto de la historia. No sé, tendría que volver a verla y pensarlo un poco más. Beso y gracias!

  4. Hola Javi. Que se resuelva la intriga, aunque con justicia hacia los requisitos básicos: inevitable e imprevisible, es como si un mago te explicara los trucos una vez que los hace. Cada vez se opta por dejar las intrigas intactas, o bien pasarlas a la acción. Le hace falta a hitchcock explicar porque los pajaros atacan?

    • Totalmente de acuerdo, Diego. En el policial de enigma la explicación del truco es una de sus características fundamentales. ¿Pero cuántas veces sentiste que se perdía la magia al saber cómo se hacía?

      Tal vez es contradictorio, pero interesante. A veces es mejor no saber…

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