Publicado el 6 Noviembre 2009 por Javier Hildebrandt
¿Cuántos directores de cine conocen que se animen a presentar sus propias películas en los trailers? Tal vez William Castle, que supo hacer usufructo del marketing – cuando esa palabra no tenía ni por las chapas la popularidad de hoy- para promocionar sus películas de terror haya puesto la cara en alguno de sus avances; pero sin dudas, el referente en este terreno es el gran Alfred Hitchcock.
El mérito es doble, no solo porque su figura y su impronta cobraron relevancia en una época en que los directores no tenían tanta exposición como en la actualidad, sino también porque se permitía tratar con implacable ironía a su propios films. Historias de crímenes macabros, desvaríos psicológicos, inesperados ataques de animales plumíferos se volvían, en sus trailers, meros pretextos para que el gordo se despachara con sus clásicas performances de humor negro. En el trailer que pueden ver arriba, de Frenesí – su anteúltima película- hasta se dio el lujo de interactuar con los personajes y deslizar, con sutileza y humor, quién podría ser el asesino.
¿Cuántos denominados “artistas” pueden tomar esa distancia de su propia obra y burlarse de ella sin empachos? No lo sé, pero si Hitchcock se ha ganado el rótulo de “Maestro del Suspenso”, bien podríamos añadirle también el de “Maestro de la Ironía”.
Y hablando de trailers, no puedo dejar de recomendar el sitio Trailers from Hell: el director Joe Dante ofrece su colección de “colas” (como se les decía antaño) de viejas películas comentadas por grandes nombres del cine de género: Larry Cohen, John Landis, Stuart Gordon, Don Coscarelli, Eli Roth y el propio Dante, entre otros. Exclusivo para freaks!
Publicado el 30 Octubre 2009 por Javier Hildebrandt
Pablo Picasso expuso por primera vez el Guernica en la Exposición Internacional de París de 1937, poco tiempo después de los bombardeos alemanes e italianos a la ciudad española, ocurridos en abril de ese mismo año. Luego de viajar por varias ciudad de Europa, Picasso se llevó la obra a América en 1939, con el objetivo de recaudar fondos para el bando republicano de la Guerra Civil Española. Allí permaneció el cuadro, en el MOMA, hasta 1958.
Picasso dejó el cuadro en América y regresó a París en 1940. Fue allí que se encontró con el ejército nazi que había ocupado la ciudad. Cuenta la leyenda que un oficial alemán, ante una foto del Guernica, le preguntó: “¿Ha hecho usted esto?”. Picasso le respondió: “No, han sido ustedes”.
Publicado el 26 Octubre 2009 por Javier Hildebrandt
Por lo general, los blogs recomendados en la página principal de WordPress no suelen llamarme mucho la atención. Hay de todo: temas de actualidad, comentarios de fútbol, cronogramas de peleas de lucha libre y hasta capítulos de Naruto (!). El otro día, sin embargo, apareció un link bastante inusual. Decía simplemente “Parques de atracciones abandonados”. Imposible no hacer click.
Así descubrí Tejiendo el mundo, un blog que entre otras cosas, alberga una increíble colección de fotos de lugares en ruinas. Particularmente sugestivas son las secciones dedicadas a parques acuáticos y parques de diversiones –sin dudas, como dice el autor del blog, por presenciar la decadencia de un sitio especialmente diseñado para dar alegría-, pero también hay fotos de hospitales, colegios y aviones sumergidos, entre otros. Y no, hasta ahora no hay ninguna foto de nuestro Parque de la Ciudad.
Nunca me imaginé que alguien compartiría esta excéntrica fascinación por los lugares abandonados –a excepción de J.G. Ballard, confeso amante de las piscinas vacías-. Un verdadero paraíso de la decadencia, que se puede recorrer haciendo click aquí.
Publicado el 23 Octubre 2009 por Javier Hildebrandt
Muebles antiguos, estatuillas griegas, madonnas góticas, maestros antiguos y modernos son fraguados, copiados y falsificados constantemente, y el valor que adjudicamos al objeto no está determinado por la apreciación estética y el placer visual sino por el juicio precario y falible de los expertos. Y siempre será falible por la buena y sencilla razón de que el genio no consiste en el perfecto ejercicio de una técnica, sino en su invención; una vez que la técnica se ha establecido, discípulos e imitadores diligentes pueden realizar obras en ese lenguaje, a menudo imposibles de distinguir de las del maestro, y a veces técnicamente superiores.
Hace algunos años, en un baile de disfraz –creo que en Montecarlo- se organizó una competencia para decidir cuál de los invitados disfrazados de Charlie Chaplin se parecía más al original. Chaplin en persona estaba entre ellos, y sólo ganó el tercer premio. En 1962, el museo Fogg de Harvard organizó una exhibición privada para expertos. Algunas piezas eran falsas, otras genuinas; los invitados debían decidir cuál era cuál. Entre ellas se incluían un retrato original de Annibale Carracci, uno de los pintores más influyentes del barroco italiano, y una copia contemporánea del mismo; también un dibujo original de Picasso de la Madre y el Niño, y dos falsificaciones. El resultado fue similar al de la competencia de Chaplin; entre los que eligieron una falsificación estaban el presidente del Departamento de Arte de Princeton y el secretario del Fogg; el director del Metropolitan rehusó someterse a la prueba, mientras que otros peritos “hicieron anotaciones en papeles, compararon sus veredictos con los resultados oficiales, y arrugaron sus papeles en silencio”.
Repito: la principal característica del genio no es la perfección, sino la originalidad, la apertura de nuevas fronteras; una vez que lo consigue, el territorio conquistado se vuelve propiedad común. El hecho de que ni siquiera expertos profesionales puedan señalar la diferencia de mérito artístico entre el verdadero y el falso Picasso, Caracci, o Vermeer, es prueba concluyente de que tal diferencia no puede ser percibida por el ojo del profano.
Publicado en el número 1 de la revista Minotauro (abril de 1983). Como se me ocurre que no debe ser fácil de conseguir, decidí publicarlo íntegro acá. De más está decir que acuerdo completamente con Koestler.
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Recomendado Pueden llamarme Vermeer: la increíble historia del falsificador holandés Hans van Meegeren. Por Juan Forn.
Publicado el 19 Octubre 2009 por Javier Hildebrandt
En cualquier historia, no hay nada que funcione mejor que una buena intriga. Una situación en apariencia insólita que mantenga en vilo al lector es uno de los amarres más fuertes que puede tener un relato. Y no pocas veces, esa ausencia de información que constituye la base de la intriga (no hay pecado peor que adivinar de antemano la resolución de un enigma) le brinda al relato una fuerza superior a su resolución. Quiero decir, cuando descubrimos quién es el asesino, qué pasó con el cuadro desaparecido, por qué el empresario ocultó 1500 sobrecitos de azúcar en una caja fuerte de un banco suizo, el misterio que rodea la intriga desaparece, y con él gran parte de la magia de la historia.
El Sabueso de los Baskervilles, la obra maestra de Conan Doyle que terminé de leer hace poco trabaja de esa manera. Durante varios capítulos, la leyenda del perro espectral que azota el páramo de Dartmoor va acumulando una serie de intrigas fantásticas y, a primera vista, inconexas que hacen que el libro se te pegue a las manos (debe haber sido toda una experiencia leerlo en su edición original, publicada por entregas en el Strand Magazine). Y cuando uno empieza a sospechar que todo ese embrollo solo admite una resolución disparatada, Sherlock Holmes se los carga a todos con una explicación tan brillante como imposible de refutar. Golazo de media cancha.
Pero aún así, aunque reconozco lo impecable del desenlace, no puedo evitar sentir un dejo de decepción, y me pregunto por qué. ¿Podrá ser que, en realidad, la identidad del asesino sea lo que menos importa?
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Recomendado Los cráneos de cristal: la increíble historia de la réplica exacta de un cráneo humano tallado en cristal por la civilización maya.
Publicado el 15 Octubre 2009 por Javier Hildebrandt
Lazos, el cortometraje que escribí y dirigió mi gran amigo Javier Piazza (opera prima de Quijote producciones) se estará proyectando en la 5ª edición del festival de cine Festifreak, que se desarrolla desde el viernes 16 hasta el domingo 25 de octubre en la ciudad de La Plata.
Esto será el lunes 19 de octubre a las 18 hs. dentro del bloque de cortometrajes nacionales en competencia, en el cine Select.
Pueden encontrar mucha más información y el cronograma completo del festival –con muchas pelis nacionales e internacionales- en este link
[Post edit: el bloque de cortometrajes se repite el jueves 22, también a las 18 hs. en el mismo cine]
Publicado el 13 Octubre 2009 por Javier Hildebrandt
Nunca había salido con una chica, y Charlotte era un mal asunto como nunca podrían serlo los chicos, pues con los chicos siempre es posible redactar una lista de pros y contras, y considerar la cuestión con sentido común, desde todos puntos de vista. Pero en el caso de Charlotte ya podías elaborar una lista de contras que llegara hasta Azerbaiyán: aunque “su flequillo” figurara como único argumento de la columna de los pros, tendría más peso que cualquier objeción. Al fin y al cabo, los chicos son chicos, sin más, pero a veces las chicas parecen ser el gesto de una pálida muñeca, o una cadera que sobresale de repente, o un mechón de pelo negro que cae sobre una frente pecosa. No digo que sean realmente eso. Sólo digo que eso parece a veces, y que esos detalles (un lunar en el muslo, un rostro sonrojado, una cicatriz con la forma y el tamaño exactos de un anacardo) actúan todos ellos como anzuelos preparados para pescarte. En este caso, fue el flequillo, abundante y espectacular: unas cortinas descorridas sobre un rostro que uno haría cola para ver. Toda mujer tiene su trasfondo, por supuesto, cómo no. Laberíntico, con mil y un recovecos, no hay duda, nadie lo niega. Pero mirarlas es todo un espectáculo, eso es lo único que yo digo.
Fragmento de “La Chica del Flequillo”, de Zadie Smith.
No me gustó tanto el cuento, pero este párrafo tiene, para mí, una veracidad abrumadora.
Y no digo más.
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Recomendado Veo Veo: Martín Caparrós y los distintos modos de ver (y de no ver).