Joe Sacco

•4 octubre 2011 • Dejar un comentario

“Echo rápidas ojeadas, saco rápidas fotografías mentales y pienso: ‘Esto se convertirá en un par de páginas fantásticas en el cómic’ – la escena extraña de un coche inclinado bajo una lluvia torrencial mientras Sameh estira el cuello para ver por encima del hombro a través de la oscuridad y manosea la caja de cambios para sacarnos de otro camino inundado… Y yo estoy a su lado y me lo paso pipa… Lo he conseguido, sabes, he recorrido cientos de kilómetros en aviones, autobuses y taxis para estar precisamente aquí: Yabalia, el campo de refugiados de la Franja de Gaza por antonomasia, el kilómetro cero de la Intifada, una Disneylandia de desechos y escualidez… Y aquí estoy, revolcándome en la experiencia palestina, un puñetero dibujante de cómics de aventuras que hace días que no se cambia de ropa, que ha caminado sobre unas cuantas ratas muertas y tiritado de frío, que se ha encabronado con los críos y asentido solidariamente al escuchar sus horribles relatos… Y me encojo en un coche en medio de la oscuridad bajo un diluvio, frívolo ante la ferocidad del exterior, y me digo: ‘Llueve más, coño, que puedo con eso y con todo’, aunque tengo bien subida la ventanilla…”

Fragmento de Palestina. En la franja de Gaza, de Joe Sacco.

Komikku #11

•22 agosto 2011 • Dejar un comentario

Ya salió el número 11 de Komikku, la revista de manga, animé y cultura oriental que edita FreakShow Press.

Esta vez, para la sección “Poneme los subtítulos”, reseñé Con ánimo de amar, el nuevo clásico del gran Wong Kar-wai.

Se consigue en kioscos y comiquerías por $13.

Solidaridad: Se necesita un guionista para George Romero

•18 agosto 2011 • Dejar un comentario

Se sabe: al tipo lo queremos. Inventó el cine de zombies tal como lo conocemos hoy (no hace falta subrayar el intenso e inexplicable placer que nos produce ver a una horda de tipos maquillados que con torpeza se abalanza sobre otro grupo de tipos no tan maquillados para morderlos al ritmo de sonidos guturales), nos ha hecho celebrar con un puñado de grandes obras, y es evidente su intención por innovar y generar nuevas ideas. El problema radica en que con nada de esto hacemos una buena historia.

Desde el punto de vista de la construcción de la trama, la caracterización de los personajes y la creación de climas, La resurrección de los muertos (Survival of the dead), el más reciente trabajo de Romero, es incluso peor que su anterior film (Diario de los muertos), lo cual ya es mucho decir. Y es una lástima, porque la película no carece de momentos interesantes de reflexión, encrucijadas que ponen a prueba el pensamiento del espectador y una bajada de línea bastante aguda sobre el rol de los militares en un conflicto y el comportamiento de los civiles (y también buenas escenas de gore, más que en sus últimas películas). Pero esta potencia discursiva va perdiendo poco a poco sus fuerzas cuando en el medio nos tenemos que fumar las casualidades que resuelven los conflictos, la pobre construcción de los personajes (en la que no poco tienen que ver unas actuaciones flojísimas) y el cambio de registro que vira a veces hacia un humor cercano al de Looney Tunes, que nada tiene que ver con el resto de la película.

Es claro que Romero sigue empecinado en realizar esta suerte de ensayos fílmicos en el formato de película de zombies. Lo que pareciera no poder ver es que aquello que quiere transmitir –y que se logra vislumbrar en los destellos más lúcidos del film- queda opacado por la inconsistencia de una historia que tropieza todo el tiempo, hasta terminar por caerse. El gusto amargo después de la película no me lo quita nadie, y ya no hay espacio para ser indulgente con el Maestro. En sus próximas obras no le vendría mal trabajar junto a un guionista que pueda canalizar las buenas ideas del director en una historia sólida, que quite del primer plano el discurso cerrado del realizador y deje a los personajes y sus acciones elaborar las preguntas que resuenen en la cabeza del espectador. Quién dice que esa no sea la forma de que resucite –ironía, sí- ese cine de zombies alegórico de nuestra sociedad que tan bien supo construir George Romero en sus mejores épocas.

Exposición en Fundación Lebensohn

•18 junio 2011 • Dejar un comentario

Un cuento que escribí hace un tiempo (“Pensar en frío”) quedó seleccionado en el concurso de cuentos y fotografía “Libres por la paz” que organiza la Fundación Lebensohn.

El cuento se va a exponer (sí, a mí también me parece raro) del 21 de junio al 15 de julio en General Hornos 238, Barracas, con entrada gratuita.

Hotel de las Ideas #5

•9 junio 2011 • Dejar un comentario

Adelanto de mis dos colaboraciones con Hotel de las Ideas #5, especial dedicado a la música.

La primera es “Hecho de Sangre”, con dibujos de Natalia Ramos. La segunda es “Loop”, sobre una idea de Érica Villar y con dibujos de Daniel “Gigerama” Perrotta.

Ya está a la venta! Se agota!

Todo es mucho

•4 junio 2011 • 1 comentario

Todo es, hasta el momento, lo mejor que vi de Rafael Spregelburd. La obra –escrita y dirigida por él en la puesta que va los viernes y sábados en el teatro Beckett- es ambiciosa, como deja traslucir su título escueto y abarcativo, y se propone una mirada sobre la construcción de la identidad, acaso argentina pero también fácilmente aplicable a gran parte de la humanidad.

Todo es resultado de un encargo que le encomendara a Spregelburd el teatro Schaubühne de Berlín, para el Festival “digging deep and getting dirty”, y está dividido en tres partes (como tres pequeñas obras), cada una encabezada por una pregunta: ¿Por qué todo estado deviene burocracia?, ¿por qué toda obra de arte deviene negocio? y ¿por qué toda religión deviene superstición? Pavada de preguntas, pero de las que la obra sale airosa, con aproximaciones muy interesantes, que interpelan al espectador y lo exigen a profundizar(se), a replantear ideas y costumbres, a situarse en un lugar ambiguo en el que no es fácil estar cómodo.

Como en todas las obras del autor, el grotesco que causa risas (y muchas) al comienzo, lentamente desciende hacia zonas más oscuras en donde no es posible soltar la carcajada sin sentirse culpable.  En ese traspaso de lo ridículo a lo patético, de lo jocoso a lo compasivo, de la luz a la sombra reside, tal vez, la clave de la obra de Spregelburd.

Y también, por supuesto, la construcción originalísima del relato, la forma sutil de conectar las tres partes de la obra hasta formar –y no es mero juego de palabras- el todo. Acompañan las muy buenas actuaciones, en donde destaco los trabajos de Alberto Suárez y del propio Spregelburd (a quien, curiosamente, siempre le tocan papeles de intelectual presumido y snob).

Es probable que la carga de emociones y reflexiones sea demasiada para una sola vez, quedan cosas dando vueltas por la cabeza durante varios días. Todo es mucho, sí, pero como dice un viejo refrán, aquí “lo que abunda no daña”. Es más, estimula.

[Arriba, una presentación de Spregelburd en el evento TEDx Buenos Aires, gentileza de mi amigo Diego Rey].

Lennon

•27 mayo 2011 • 1 comentario

“Muchas veces tengo miedo, pero nunca tengo miedo de temer, de lo contrario todo sería terrorífico. Pero es más doloroso tratar de no ser quien uno es. La gente pasa mucho tiempo tratando de ser alguien que no es, y creo que eso trae enfermedades terribles. Por ahí eso te trae cáncer o algo así. Un montón de tipos que se hacen los duros se mueren de cáncer, ¿te diste cuenta? Wayne, McQueen. Creo que tiene algo que ver –y conste que no sé, que no soy ningún experto en la materia- con vivir constantemente atrapado en una ilusión que tienen de ellos mismos, reprimiendo cierta parte de su personalidad, ya sea el costado más femenino o el lado más temeroso.

Yo sé de qué se trata porque vengo de esa misma crianza machista. Nunca fui realmente un chico callejero ni un tipo duro. Me vestía como un Teddy Boy y me identificaba con Marlon Brando y Elvis Presley, pero nunca estuve en una pelea callejera de verdad ni me metí en una pandilla. Era un pibe de los suburbios, que imitaba a los rockeros. Pero uno pasaba gran parte de su vida aparentando ser rudo. Me pasé toda mi infancia con los hombros levantados en posición de guardia, y sin anteojos, porque usar anteojos era de maricones, y así es como iba por la vida totalmente aterrado, pero poniendo cara de ser el tipo más malo del mundo. Quería ser un duro como James Dean todo el tiempo. Tuve que luchar mucho para dejar de comportarme así, y a veces todavía caigo en eso cuando me pongo nervioso o me siento inseguro. Vuelvo a caer en esa pose de chico callejero, pero me fuerzo a recordar que nunca lo fui en realidad.”

Fragmento de la última entrevista a Lennon, que le hizo Jonathan Cott para Rolling Stone. Acá se publicó en la edición de enero de 2011.

 
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