
Una breve selección que recopilé de Internet:
“Hay tanta gente que escribe para lucirse… Yo empecé así y fracasé hasta el día en que olvidé esas pretensiones”. Adolfo Bioy Casares
“Los que pueden, actúan, y los que no pueden y sufren por ello, escriben”. William Faulkner
“Si la escritura es honesta no puede ir separada del hombre que la ha escrito”. Tennessee Williams
“Todos los escritores que conozco tienen problemas para escribir”. Joseph Heller
“Los buenos escritores –no hace falta repetirlo- son aquellos que saben siempre, exactamente, cuándo no deben escribir”. Roger Wolfe
“La mayor parte de la escritura se hace lejos de la máquina de escribir”. Henry Miller
“Sólo hay un modo de hacer dinero escribiendo: casarse con la hija de tu editor”. George Orwell
De chico pasé por varias profesiones: bombero, astronauta, cartero (me parecía maravilloso que mi trabajo fuese pasear por la ciudad), paleontólogo, analista de sistemas (nunca supe bien qué era, solo me gustaba el nombre), dibujante. Terminé haciendo la carrera de Diseño Gráfico y, de un tiempo a esta parte, dedicándole gran parte de mis esfuerzos a la escritura (guión, artículos, cuentos, etc.).
Esta introducción viene a cuento de que el otro día, en el taller de Diego Agrimbau salió la cuestión del tema y el “mensaje” que subyace en cada obra. Hablamos de la preponderancia o no de ese mensaje por sobre la historia, y de aquello que se quiere transmitir como punto de partida o como búsqueda simultánea a la construcción del relato (yo claramente me inscribo en el segundo grupo).
Todo esto me llevó a una reflexión extraña: ¿Siempre que se escribe se tiene algo para decir?
Hay una progresión lógica que motiva el acto de la escritura: es casi imposible que alguien que lee mucho escape al impulso serio de escribir. Pero lo que lleva a esa acción puede diferir. Es posible que exista el deseo imperioso de manifestar una reflexión para la que la historia sirve como mero vehículo; o también, el simple placer demiúrgico de crear universos coherentes y tramas verosímiles y lógicas, cuyo mensaje se le aparecerá al autor de alguna manera en algún momento. El problema radica cuando eso que dice la historia no coincide con la voz propia. ¿Qué hacer, entonces? ¿Continuar de todos modos, en honor a la verosimilitud de la trama, o barajar y dar de nuevo? ¿Es posible en cualquier caso discernir la historia del mensaje, como si fuesen dos polos completamente independientes?
En todo caso, estoy bastante seguro, aunque suene ilógico, de que no siempre se escribe cuando se tiene algo para decir. Hasta ahora, los mensajes que se han aparecido en mis historias me han agradado, y tal vez se deba a que, de una u otra forma, todas mis situaciones y personajes son muy cercanos a mis intereses. Aunque no descarto que pueda pasarme lo contrario.
Y si llego a descubrir que detrás de la fachada del relato no hay absolutamente nada… bueno, espero no terminar como el personaje de Quino.
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